Dos amores y medio - Capítulo 1

– Al verla, mis ojos derretían la nieve a mí alrededor y todo se nublaba cuando ella estaba ante mí, yo tenía que conocerla… Mary abrigada por el frío de la temporada se dirige a la estación de tren más cercana a la universidad para regresar a casa después de un largo día de estudios, por un segundo desvía su atención a una cafetería que está cruzando la calle, piensa si debería comer algo antes de regresar. Dudando un buen rato, la despierta el rose de sus fríos rizos castaños contra su cuello. “El viaje es de sólo quince minutos” -dice suspirando-. Pero el hambre le ganó al agotamiento, así que decide cruzar la poco concurrida calle hasta la cafetería. Ya allí cae en cuenta de que las fiestas navideñas ya estaban por comenzar ya que el lugar estaba decorado con un profundo tono navideño, le disgusta un poco el hecho de que los estudios le hayan robado prácticamente todo un año de su empobrecida vida social. Se dispone a pedir algo de comer, un poco preocupada por su peso, le pregunta a una de las camareras; una chica bastante alta comparada con Mary quien es de estatura promedio. 


El frío no congela sólo el agua

– Disculpe ¿Qué es lo más ligero que tienen?

– ¿Perdón? -dice la chica.

– Preguntaba si tenían comida baja en grasas.

La chica mira a Mary algo confundida.

– Perdona que sea tan entrometida pero no creo que la necesites...

Mary un poco apenada sonríe y le da las gracias por el cumplido.

Después de pedir lo que va a comer Mary va hacia una mesa cerca de las ventanas, que ve hacia la calle y se sienta, un rato después empieza a nevar, seguro será un invierno muy frío, murmura Mary. En eso se dirige la mesera con el pedido a su mesa, al tiempo que entra un hombre joven de cabello oscuro y ojos castaños, despistado por el frío, seguro por el hecho de que no estaba abrigado, y se tropieza con la camarera haciendo que deje caer al suelo la comida que Mary había estado esperando por un buen rato, mientras que ella lo ve todo desde su mesa.

Este hombre se disculpa con la camarera mientras se ríe de su propia torpeza. No se preocupe es que venía un poco distraída comentó la camarera con las mejillas rojas a más no poder. Mary se acerca a la escena y pregunta a la camarera si esa era la comida que había pedido. Lo siento mucho pero así es –responde arrepentida la camarera.

– ¿Entonces qué va a pasar con mi pedido? –pregunta Mary preocupada por lo que pasaría.

– No te preocupes yo lo pagaré –dijo aquel hombre– después de todo es mi culpa –agrega.

– ¡Menos mal! –exclamó aliviada.

– Y ya que estamos en estas, ¿Porque no comemos juntos? –Preguntó el.

A lo que Mary no sabe cómo responder debido a la rapidez de los hechos...

– Pero no te preocupes si no quieres está bien -continuó el hombre.

– No, no... Dijo Mary apenada, es que ni siquiera te conozco y ya quieres comer conmigo. ¿No le parece algo atrevido?

– Pues creo que estamos en la misma situación, ¿Porque no empezamos de nuevo? Mi nombre es Robert, –dijo aquel hombre extendiendo la mano.

– Mary –respondió ella–, aunque no puedo decir lo mismo de usted –dice con un poco de indiferencia y sin devolver el saludo.

– Vamos, ya pedí disculpas por mi torpeza, además la pagaré, porque no lo olvidas y mejor nos sentamos –dijo Robert–, hace mucho frió aquí –agregó.

– Bueno, al menos aceptas tu error, respondió Mary dirigiéndose a la mesa donde estaba sentada. Robert la sigue y se sienta en la silla de en frente.

Durante un rato, Robert no hace más que mirar a Mary haciendo que despierte su atención

– ¿Porque no dejas de mirarme?, me pones nerviosa –murmura.

– Es que tienes algo que me hace mirarte –dice Robert mirándola fijamente a los ojos.

Por lo que Mary se sonroja.

– ¡Ya! Deja de mirarme tanto, si no, puedes comer solo.

– Oye, calma, lo intentaré –responde Robert– y la mira de reojo.

Minutos después la nevada empeoró, tanto que la cafetería empezó a llenarse de gente, llegaban más personas en el momento que la camarera servía la comida en la mesa de Mary y Robert. En eso anuncian en las noticias el cierre de las líneas del tren por precaución, cuando Mary escucha esta noticia se pone un poco nerviosa lo que llama la atención de Robert.

– ¿Estas bien? –Pregunta curioso.

– No pasa nada –dice Mary titubeando,

Pero Robert no queda conforme con esta respuesta.

– ¿No tienes auto, necesitas que te lleve?

– ¿Sueles ser siempre tan directo? –Pregunta Mary mientras mira entre ojos.

– A veces, cuéntame, ¿Cómo piensas irte?

Mary no tiene nada más que hacer que contarle a Robert que tenía planeado volver en tren y que no se imaginaba que cerrarían.

– No te preocupes –dice Robert sonriente–, yo tengo auto, y está aquí cerca.

– Lo siento pero no puedo hacer eso, -dijo Mary.

– ¿Que tal si lo ves como una compensación por haber tirado tú comida? Yo creo que es bastante justo, considerando que es mi culpa que perdieras tanto tiempo.

– Creo que no tengo otra opción de todas maneras, gracias. – Eso me pasa por no haberme ido antes, –piensa Mary.

– De nada, descuida, sé conducir, un poco –bromea Robert.

– Ha-ha-ha -Ríe Mary con sarcasmo.

Pasa un rato y Robert señala que la nevada es muy fuerte y tendrán que esperar un poco hasta que calme para poder irse. Mary está de acuerdo.

– No quiero tener un accidente por una imprudencia -dice ella.

Un rato después la nevada baja su intensidad, al tiempo que terminan de comer, las personas que se habían aglomerado antes en la cafetería comienzan a salir para seguir su camino.

– Nosotros también deberíamos irnos, ¿no crees Mary?

– ¿Ahora me llamas por mi nombre? Cielos, que atrevido.

– Lo siento señorita, iré a pagar la comida que usted se acaba de tragar, dice Robert mientras ríe disimuladamente.

Mary y Robert salen de la cafetería y se dirigen al auto de Robert el cual es de un color azul oscuro y está estacionado al otro lado de la calle, ya en el auto, Robert enciende la calefacción. – Supongo que no quieres congelarte, yo me muero de frió. – La verdad es que me gusta el frío, pero así está bien, descuida –responde Mary.

En ese momento se escucha el timbre de un celular, contesta Mary.

– ¿Si? habla Mary.

– ¿Mary? Es Anna, ¿Dónde estás?, me preocupé, habías dicho que hoy llegarías más temprano.

– Si, es que se presentó algo y pues... Ya voy en camino, hablamos cuando llegue.

– Bueno, te espero, cuídate.

Mary cuelga.

– ¿Era tu mamá? –pregunta Robert con atrevimiento– ¿acaso no sabe ella que sales a estas horas?

– No, era una amiga, ¿y a ti que te importa?

– Pura curiosidad, como no hablas mucho creí que debía empezar yo a romper el hielo... Con este frió ni la calefacción ayuda, –murmura Robert.

– Lo siento, no es que tenga muchas ganas de hablar además que con mis estudios en la universidad no tengo mucho tiempo para mí, –dice Mary-, además hace tiempo que no conozco a nadie –agrega.

Robert sonríe y con una voz baja dice, perdón por arruinar tu aburrida rutina.

Mary lo mira un momento y se ríe.

– Mi vida no es aburrida, sólo… No hago muchas cosas, -concluye titubeando.

Tampoco es que signifique lo mismo, –dice Robert entre risas.

En eso Mary le muestra el camino a Robert hasta su casa que en realidad no es más que un pequeño apartamento de dos habitaciones, allí viven Mary y Anna que es su amiga desde la infancia, Anna es rubia un poco más alta que Mary y de ojos azules el típico estilo de una chica americana aunque su procedencia sea Española lo cual se hace notar bastante en su acento.

En la casa, se escucha sonar el timbre de la puerta de en frente, por lo cual Anna supone que Mary olvidó sus llaves en casa, siempre es lo mismo, piensa para ella mientras se dirige a abrir la puerta.

– Con este tiempo pensé que no volverías jamás, estaba preocupada –dice Anna mientras abre la puerta.

Hola Anna, escucha decir de una voz bastante familiar y al mirar al frente se encuentra con esta figura la cual nunca imaginó encontrarse en aquel momento...

– Ro... ¿Robert?, - titubea.

Mary al verse en esta escena tan desconcertante pregunta, “¿Se conocen?”.

Y todo quedó en silencio.

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