Dos amores y medio - Capítulo 5

 

Después de haber estado toda la mañana en casa estudiando y escuchando música, dos cosas que a Mary le gusta hacer al mismo tiempo, decide prepararse para su pequeña cita con Robert a quien había conocido el día anterior. “No se que pasará, ya comimos juntos una ves, que más puede pasar”. Aquellos eran los pensamientos de Mary en aquel momento, sabía que estaba nerviosa, pero no lo admitía.


Lazos de amistad

El agua caliente cayendo sobre su rostro era relajadora, casi apasionante, el vapor invadía las cortinas de vidrio opacando y nublando la vista, una emoción por la que Mary se deja llevar fácilmente, era singular.

Después de salir de la ducha Mary seca su cabello y abre su armario pensando en que ponerse, lo cual no era normal en si misma, ya que a ella le gusta usar siempre el mismo tipo de ropa. Hace frío, pensó, así que eligió un bonito abrigo marrón claro, con bordes blancos afelpados y un pantalón Jean azul, todo ”combinado” con unas atractivas botas negras, además de un gorro y una bufanda la misma que había usado el día anterior. Estaba lista, una mirada en el espejo y sale de su habitación y se para frente a la puerta del apartamento, chocando sus pies delicadamente piensa, “ya son las una y quince… Debe de estar por llegar”.

 

No le dio tiempo de pensarlo dos veces, sonó su teléfono celular así que contesta.

– ¿Hola?, ¿Quién habla? Pregunto Mary a sabiendas que no conocía el dichoso número del remitente.

– ¿Mary? ¿Eres tú? -Dice la persona detrás del auricular suspirando- que bueno que te pude contactar, soy Adrián.

– ¿Adrián? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

– Mucho lo sé, no te asustes, estoy con Anna y…

No le dio tiempo de terminar la frase cuando Mary interrumpió.

– ¿Con Anna? ¿Por qué dices que no me asuste? ¿Pasó algo?

– Estamos en la enfermería de la universidad, estábamos hablando y de repente se desmayó, tienes que venir a verla por favor.

Al escuchar esas palabras Mary sintió un apretón en el corazón, como si alguien lo apretara con toda su furia, llevó su mano al pecho y sin poder sostenerse se aferro al marco de la puerta.

– ¿Mary estas hay? -Se escuchaba decir a Adrián a través del celular.

Eso hizo que Mary volviese en si.

– Estaré lo más rápido posible -dijo Mary colgando el celular.

Entonces tomo una sombrilla que había colgada a un lado de la puerta, abrió la puerta saliendo al pasillo del complejo de apartamentos.

 

Al dirigirse a las escaleras se topa con la persona a quien había estado esperando, algo que había olvidado por completo.

– Mary… -Dice Robert al verla, su mirada lo decía todo, ella estaba hermosa.

– ¡Robert! Que bueno que estas aquí -dijo Mary.

– Claro que estoy aquí, vamos a almorzar juntos.

– Lo siento Robert -dice Mary apenada- hoy no voy a poder comer contigo, surgió algo y necesito que me lleves a un lugar.

– No es lo que esperaba, ¿pasó algo?

– Es Anna, está en la enfermería y de verdad no se que pasó.

Los ojos de Mary comenzaron a llenarse de lágrimas, mientras que se pasaba las manos por la cabeza.

– Oye descuida te llevare, ¿si? Vamos, mi auto está abajo.

Mary asintió con la cabeza.

Bajaron las escaleras saliendo y llegando al estacionamiento. El auto de Robert estaba aparcado allí, subieron al Auto y esta vez Mary enciende la calefacción, Hace frío, dice mientras frota sus manos.

– Pensaba que te gustaba el frío -dice Robert con una sonrisa en la cara, pero Mary no quitaba aquella mirada de su rostro, lo que sentía era doloroso, o al menos eso pensaba Robert así que prefirió callar durante el camino, tampoco es que Mary quisiera hablar.

 

Y así fue el camino hacia la universidad, silencio absoluto, excepto por algunos pocos frecuentes estornudos de Mary.

Cuando llegaron, Mary se desmonto del auto tan rápido como pudo, Robert aún no apagaba el auto y ya Mary estaba a unos cuantos metros de distancia, no era para menos, así que corrió detrás de ella. Mary llegó a la recepción y ya se sabía bien el camino hacia la enfermería, cuando Robert llegó allí, ya Mary había desaparecido, así que no le quedó más remedio que preguntar a la recepcionista.

 

*

 

Mary llegó al pequeño vestíbulo de la enfermería y miró hacia los lados con rapidez buscando alguna enfermera que le pudiera dar información de su amiga.

– ¿Mary? ¿Eres tú?

Mary miró hacia atrás y con la silueta de un recuerdo dibujado en su mente se percató de quien le había hablado. Adrián, quien se acerca a ella y la abraza rápidamente y después la sujeta por los hombros.

– ¡Vaya! Cuanto has crecido.

– Adrián… ¿Dónde esta Anna? -Pregunta Mary preocupada.

– Ella está bien, aunque todavía no despierta, -dijo Adrián tratando de calmarla, vamos te llevaré a donde está.

Cuando llegan a la puerta de la habitación Adrián se queda afuera para que Mary entre sola a ver a su amiga. Mary nunca había visto a Anna en una cama de un hospital, ella es una chica fuerte y no se enfermaba frecuentemente. Preguntas surgieron rápidamente al verla allí, entonces se acercó a la cama y se sentó a un lado de ella, mientras le acariciaba el pelo una lagrima se desprendió de sus ojos cayendo sobre las sabanas.

– Anna, por favor despierta, fueron las palabras de Mary.

En ese momento Anna abrió los ojos.

– Mary… -dijo Anna con dificultad.

– ¡Anna despertaste! Gracias al cielo, estaba muy preocupada.

– ¿Dónde estoy?

– Estás en la enfermería de la universidad, te desmayaste entonces Adrián me llamó y vine corriendo.

– ¿Adrián? ¿Dónde esta Adrián? -Dijo Anna tratando de levantar su cuerpo.

– Tranquila, -dijo Mary evitando que se levantase- él esta afuera.

En ese momento Anna se relajo, pero no por mucho.

– Mary, quiero pedirte perdón, no he sido muy sincera contigo, se que he estado muy malhumorada y no quiero que eso acabe con nuestra amistad -dijo Anna mirándola directamente a los ojos.

– ¿Acabar con nuestra amistad? Nunca, eres mi mejor amiga y aunque me odiaras yo no dejaría de quererte jamás.

En un instante Anna se levantó y abrazo a Mary con todas sus fuerzas, se quedaron así por unos segundos.

Entonces la puerta se abrió, y de tras de ella, Robert, seguido de Adrián. Fue mucha la sorpresa de Anna al ver quien estaba allí, entonces grito.

– ¿¡Qué hace él aquí!?

– Perdón -dijo Adrián- ¿no es amigo tuyo? Me dijo que vino aquí con Mary.

– Así es Adrián, él vino conmigo -dijo Mary- perdón por dejarte atrás Robert, estaba tan preocupada por Anna que me olvidé de esperarte.

– No es nada -dijo Robert- pero sin poder decir nada más cuando Anna interrumpió.

– ¡Que se vaya! No lo quiero ver -decía ocultando su cara detrás de Mary.

Mary miró a Robert.

– Creo que deberías irte, -dijo Adrián- ahora no es un buen momento por lo que puedo ver.

– Está bien -respondió Robert.

Saliendo y cerrando la puerta detrás de él.

– Adrián ¿puedes llamar a la enfermera? Fueron las palabras inmediatas de Mary.

– Claro, ahora vuelvo -respondió él.

Salió de la habitación. Un minuto después entró la enfermera, le dijo a Anna que podía irse, que sólo necesitaba guardar reposo durante unos días, y que ella se encargaría de llenar un reporte medico que le serviría como excusa en la universidad.

 

Mary ayudó a Anna a levantarse, entonces junto a Adrián salieron de la enfermería y pasando por el vestíbulo hasta el estacionamiento. Robert no estaba allí, “al parecer se fue a su casa” -pensó Mary-, ella no tenía su número, así que no sabía como se disculparía. Adrián pidió un taxi para las chicas.

– Pensé que tenías un auto Adrián -dijo Anna.

– Si tengo -replicó él- pero no me gusta sacarlo en invierno.

– Perdóname por haberte hecho pasar todo ese tiempo cuidándome, seguro tenías cosas que hacer.

– Descuida -respondió sonriendo levemente-, siempre ha sido un placer cuidar de ti. Cuídala por mi Mary. Buenas noches -concluyó cerrando la puerta del taxi. El taxi arrancó, llevando a las chicas de vuelta a casa.

 

*

 

Mary abrió la puerta del apartamento y lo primero que hizo Anna fue ir hacia su habitación y literalmente desplomarse en la cama.

– ¡Oye! -exclamó Mary- ¿Qué haces?

– ¿Dormir que no ves? -dijo Anna.

– Tenemos que hablar -manifestó Mary captando la atención de Anna quien lo demostró sentándose casi inmediatamente a un lado de la cama.

– Tienes Razón -dijo suspirando.

– Lo primero es que tienes que limpiar tu habitación, sólo mira; es un desastre -dijo Mary riéndose.

Por lo cual Anna se tapa la cara con una almohada y se “desploma” otra vez en la cama.

– No, ya en serio -dijo Mary sentándose a un lado de Anna- recuerdas hace tiempo una vez que yo me enfermé y por esa razón no fui a tu cumpleaños.

– Si -dijo Anna a través de la almohada.

– En el hospital me dijiste que entre amigas nunca habría secretos, no lo he olvidado.

Al escuchar esto Anna se sentó y miró a Mary a los ojos.

– Quiero que me cuentes quien es Robert para ti Anna.

 

Anna abrazó a Mary y le dijo “Está bien amiga, te contaré”.

 



Sobre MundoJz

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